MILAGROS


Siempre me cuesta hacer entender lo que pienso sobre esto…

DIOS NO ES UN GENIO DE LA LÁMPARA, que con agitar nuestras voces o frotar con nuestras oraciones los altares o púlpitos va a acudir prestamente a concedernos la petición.

Esto es sencillo: porque no es Dios quien está a nuestra disposición. Él no es el otorgador de favores, dinero, trabajo, salud, novio, ni de que “reviente éste o ésta”, o “que arranque, que arranque, que arranque…”.

Es al revés. Porque acá, en la Tierra, Jesús no vino para ser servido, sino para servir… y nos dejó eso como ejemplo para nosotros. Y si no podés entenderlo, entonces venís viviendo un Evangelio medio acomodaticio. A tu voluntad.

…aunque ores: “hágase Tu voluntad aquí en la Tierra como en el cielo”.

No… los milagros no suceden por frotar la lámpara o repetir el deseo mil novecientas cuarenta y nueve veces a la medianoche, en ayunas, con un ramo de apio en la mano. Los milagros suceden cuando, en la voluntad y la gracia divina, llega el momento del proceso en que tienen que suceder.

Sí, claro. Porque los milagros son un proceso.

Para Dios y especialmente para nosotros. Pero solo Dios sabe cuándo se van a producir… y cómo.

Porque desde el momento en que pedimos ese milagro, comenzamos a transitar un camino de fe que será el que nos lleve a encontrarnos con ese milagro.

O no. Todo depende de nuestra fe…

Y de lo que estemos dispuestos a esperar.
Y de lo que estemos dispuestos a aprender.
Y de lo que estemos dispuestos a entregar… y a perdonar… y a fortalecer… y a no repetir… y a darnos cuenta.

Este año vino muy difícil para mí. MUY. Y yo andaba por ahí, saltando cual mariposa, declarando al mundo que Dios había hecho el milagro en mi vida, que había solucionado de un solo golpe todos mis problemas (hasta aquel momento) y que, a partir de ahora, iba a ser todo tan diferente, todo tan genial, todo tan…

SE ME DIO VUELTA EL MUNDO. SE DETUVO MI VIDA TAL COMO LA HABÍA CONOCIDO.

Cuando creí que no podía tener más dolores, aprendí que había dolores diferentes. Pero que no necesariamente habían sido “enviados por Dios”, sino buscados por mí en mi caminar diario.

Sí, sí… porque si caminamos con una venda en los ojos, vamos a tropezarnos contra todo. Y nos vamos a golpear el dedito chiquito del pie, la frente, la rodilla, la panza… nos vamos a torcer el tobillo… aunque la venda sea de gasa perfumada.

Y busqué salidas que no eran las que el Señor esperaba de mí. Me aferré a decisiones que no eran las mías. Transité atajos con las mismas armas herrumbadas y sucias con las que había iniciado este camino del “milagro”, como yo lo llamaba.

Porque todo el tiempo —y pese a mi fe— supuse que, hace algún tiempo, yo había frotado la lámpara y finalmente Dios había respondido.

Según mis parámetros.
Según mis criterios.
Según mi pasado y mis expectativas.

Claro que todavía no aprendí todo del todo. Claro que hay aspectos por los cuales pataleo y cosas que sé que tengo que cambiar aún.

Yo sé que el milagro está —digo ahora—, ya está.
Solo que estoy transitando hacia él.

Y en el camino, voy dejando cosas que no voy a necesitar cuando ese milagro llegue. Voy adquiriendo cosas que me van a ayudar a celebrar de manera distinta lo que pedí hace tiempo.

Y en el camino, voy encontrándome con otros milagros que ni imaginaba.

Porque si solamente buscás a Dios en las cosas grandes, podés llegar a perderte los pequeños milagros que Él tiene para vos cada día.

Pensalo.

Por Margie Rubio
Argentina.

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