Por Albany Tudares
Salmos147:3
“Él sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas.”
Hablar de cicatrices es hablar de historias… de momentos que marcaron nuestra vida.
Y aunque a veces duelan, también son un recordatorio de algo poderoso: Dios estuvo allí.
Porque incluso cuando la memoria falla, una cicatriz permanece para recordarnos que sobrevivimos… y que no estuvimos solos.
Una herida que se convirtió en testimonio
En mi artículo anterior “Maravillada”, compartí un proceso de salud que dejó en mí una cicatriz. Agradezco a Dios, es la única visible en mi cuerpo.
Recuerdo que, en medio de ese proceso, hablé con un amigo. Él también comenzó a contarme sobre sus propias heridas, y juntos entendimos algo que cambió nuestra perspectiva:
Las cicatrices son la evidencia de que Dios nos sostuvo.
Heridas visibles e invisibles
Existen heridas que todos pueden ver…
pero también hay otras que ocultamos:
- Con una sonrisa
- Con nuestra forma de vestir
- O en lo más profundo del alma
Esas heridas internas solo pueden ser vistas por quien aprende a mirarte con los ojos de Dios.
Hoy quiero recordarte:
eres fuerte, y lo que has vivido puede Dios usarlo para sanar a otros.
Aprendiendo a ver con gratitud
Como mujer, en algún momento pensé que mi cicatriz sería motivo de vergüenza.
Pero Dios transformó mi forma de verla.
Hoy la veo con gratitud.
Aunque puedo verla por fuera, no puedo ver lo que sucede por dentro. Y aun así, hay momentos en los que siento molestias… especialmente cuando estoy triste o molesta.
Y eso me enseñó algo muy profundo: Aunque algo parezca sano por fuera, puede seguir sanando por dentro.
Así también son las heridas del alma…
solo Dios conoce su profundidad, y solo Él puede restaurarlas completamente.
Las cicatrices tienen propósito
2 Corintios 4:16-17
“Por tanto, no desmayamos… esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria.”
Dios no desperdicia el dolor.
Cada proceso, cada herida, está formando algo eterno en ti.
Todo obra para bien
Romanos 8:28
“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien…”
Incluso aquello que te hirió…
Dios puede usarlo para tu bien.
Guardando el corazón
Hoy cuido más mis emociones.
He aprendido a evitar cargas innecesarias y a ser más consciente de quién tiene acceso a mi corazón.
Proverbios 4:23
“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.”
Cuidar tu corazón no es debilidad…
es sabiduría.
Tus cicatrices no son el final de tu historia.
Son la prueba de que Dios te sostuvo, te sanó… y sigue obrando en ti.
Hoy no las mires con vergüenza,
míralas como un testimonio vivo de su gracia.
¡Dios Aparece!


Deja un comentario