Dios no está limitado al tiempo
Cuando digo que Dios es el tiempo, entiendo que Él actúa conforme a su voluntad. Puede cambiar el día en noche y la noche en día. Dios es Rey soberano de todo, y nada en esta tierra sucede sin su permiso.
En medio de la aflicción, recuerda esta verdad
Todo hombre y mujer de Dios, en tiempos de aflicción, debe recordar:
“Simón, Simón, mira que Satanás os ha reclamado para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti para que tu fe no falle; y tú, una vez que hayas regresado, fortalece a tus hermanos.”
(Lucas 22:31-32)
¿Dios envía las pruebas?
Muchas veces, cuando atravesamos momentos difíciles, nos preguntamos:
¿Acaso Dios me envió esto?
Y la respuesta es: no.
Dios no necesita que pasemos por pruebas para glorificarse. Él es un Dios de bondad, gozo y plenitud. Cuando le conocemos, nuestra vida queda sellada en Él, y sus promesas nos alcanzan.
El propósito de las pruebas
Cuando las pruebas llegan, pueden tener distintos orígenes:
- A veces son consecuencia de nuestras decisiones
- Otras veces, son procesos que Dios permite porque sabe que podemos vencerlos con Cristo
Fuimos creados a imagen y semejanza de Dios.
Y si Jesús venció, nosotros también venceremos en su nombre.
Dios tiene el control de todo
La Palabra dice:
“Él muda los tiempos y las edades; quita reyes y pone reyes; da la sabiduría a los sabios y la ciencia a los entendidos.”
(Daniel 2:21)
Dios está en control de todo:
de nuestras vidas, de la tierra y de las naciones.
Entender los tiempos cambia todo
Hay una frase que llevo en mi corazón:
“Cuando entendemos los tiempos, no sufrimos los cambios.”
Cuando comprendemos esto, los cambios dejan de doler tanto.
Aprendemos a:
- Disfrutar a quienes están
- Soltar a quienes se van
- Aceptar cuando nos toca quedarnos o partir
Porque todo pasa… y eso está bien.
Nada es permanente
Entender lo que vivimos es reconocer que también pasará.
A veces nos estancamos por las circunstancias y desafíos de la vida, pero la verdad es que todos atravesamos:
- momentos altos
- momentos bajos
El secreto es uno solo:
poner nuestra mirada en Jesús, el autor y consumador de la fe.
José: un ejemplo de proceso y propósito
La vida de José el soñador nos enseña mucho.
Tuvo sueños proféticos y los compartió con sus hermanos, quienes se burlaron de él (Génesis 37).
Luego vinieron los procesos:
- Fue vendido por sus hermanos
- Fue injustamente encarcelado
- Vivió momentos muy difíciles
Pero su historia no terminó ahí.
El proceso forma el carácter
En cada etapa, José fue transformado.
- Se mantuvo íntegro
- Honró a Dios en toda circunstancia
- Rechazó el pecado
- Gobernó con sabiduría
Él entendía que cada proceso era necesario.
El tiempo que vives tiene propósito
José sabía que todo lo que vivía era parte del camino hacia el propósito de Dios.
Y hoy quiero decirte algo:
No necesariamente vas a gobernar una nación…
pero sí estás siendo formado para algo mayor.
Por Albany Tudares
¡Dios Aparece!


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