Maravillada: Un testimonio de fe y sanidad donde Dios aparece


Por Albany Tudares

“Porque tú formaste mis entrañas; me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien.” Salmos 139:13-14


La palabra “maravillada” resuena en mi espíritu con una fuerza indescriptible. Proviene de un sentimiento de asombro y sorpresa, una actitud que todos deberíamos adoptar ante las manifestaciones divinas en nuestras vidas.


A principios de 2024, recibí un diagnóstico que cambió mi perspectiva: un tumor de mama. La incertidumbre inicial dio paso a meses de fe inquebrantable, aferrándome a Jeremías 33:3: “Por sus llagas fui yo curada”. Este no es un tratado doctrinal, sino un testimonio de esperanza para quienes enfrentan diagnósticos desalentadores: Dios tiene un milagro reservado para ti.
Mi experiencia se divide en tres etapas, cada una marcada por la presencia palpable de Dios.


Antes: Llevando Todo Pensamiento Cautivo
Esta fase fue una batalla mental intensa. “Destruimos argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevamos cautivo todo pensamiento para que obedezca a Cristo.” 2 Corintios 10:5. La mente, ese campo de batalla, debía ser inundada con las promesas divinas, recordándome que la victoria de Jesús es nuestra victoria.


El miedo me asaltó el día de la biopsia, con pensamientos oscuros de cáncer y muerte. Pero la oración en lenguas, guiada por amigos, me sostuvo. El diagnóstico incierto y el temor a una cicatriz permanente intentaron robar mi paz, pero la voz de Dios resonó: “Tus cicatrices serán señal de una nueva oportunidad”.

Prepararme para una cuadrantectomía mamaria —una cirugía en la que se retira una parte del seno— es un proceso que requiere tanto cuidado físico como fortaleza emocional.


La espera fue una lucha interna, con un diagnóstico ambiguo. La incertidumbre del tratamiento posterior me llevó a buscar el apoyo de amigos de fe, quienes me rodearon en oración. Un sueño revelador confirmó la obra sanadora de Dios.


En un momento de temor, Dios me recordó: “Ya te hablé, ese es mi lenguaje contigo.” 2 Corintios 1:20 me reafirmó que sus promesas son cumplidas. Esta etapa fue de rendición total, confiando en su manifestación.


Durante: Conectarme con las Personas Correctas
Hablar con las personas correctas sin duda alguna me ayudó a alcanzar el milagro. Recuerdo especialmente una conversación con un amigo, donde recordamos sus cicatrices y su propósito.


Reunirme con mis amigos en la iglesia fue un paso clave. Allí podía ser yo misma, expresar cómo me sentía y juntos orar en cada paso del camino.
Recordaré siempre la forma en que una amiga de la congregación se acercó a mí y, antes de orar, me hizo una pregunta muy directa:
“¿Por qué estás creyendo?”

Yo le respondí con sinceridad: “Por una cirugía… no quiero tratamientos posteriores como quimioterapias ni nada similar”.
Ella simplemente dijo: “Listo, oremos”.

En ese momento entendí algo que marcó mi fe: las personas pueden orar por ti, sí, pero es tu responsabilidad tener una fe clara, definida y con propósito.

Porque la oración en unidad tiene poder, pero la convicción en el corazón es lo que le da dirección. Tal como dice la Palabra:

“Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” Mateo 18:20

El día de la cirugía, la fe me acompañó. Antes de la anestesia, oré y entoné mi himno de esperanza: Lo imposible veré de Intimidad Ministry . Desperté con dolor, pero la sanidad divina se manifestó.

Después: Acción de Gracias
La recuperación fue un tiempo de gratitud y declaración de victoria. Mi cicatriz, símbolo de un milagro, me recordaba la grandeza de Dios. A pesar de las secuelas, la paz me inundó.


Ignoré los pensamientos negativos y me aferré a la sanidad declarada. “Me siento bien, estoy sana,” afirmé, entendiendo el poder de las palabras.
El médico, sorprendido por mi recuperación, confirmó el milagro: “Está muy bien.” Mi resultado negativo en una segunda biopsia fue un testimonio de la fidelidad de Dios. La ausencia de dolor en la zona operada fue un detalle divino, una muestra de su cuidado personal.


Estar maravillada es reconocer las manifestaciones diarias de Dios, desde el amanecer hasta las grandes sanidades. “Entonces los judíos se maravillaban…” Juan 7:15. Todo es un milagro, una razón para proclamar su bondad.


“Grandes son las obras de Jehová…” Salmos 111:2-4. Vivamos maravillados, compartiendo las maravillas de nuestro Dios.

Comparte este testimonio en tus redes sociales.
Deja un comentario sobre cómo Dios se ha manifestado en tu vida.
Suscríbete para recibir más historias de fe y sanidad.


Que este testimonio inspire tu fe y te recuerde que, en cada etapa de la vida, Dios se manifiesta de maneras maravillosas. ¡Dios aparece!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *