A veces, como cristianos, no nos detenemos a reflexionar.
Simplemente caminamos como religiosos, repitiendo lo que por años hemos hecho.
Y sí… este puede ser un tema controversial,
porque cuando tocan nuestra forma de pensar, reaccionamos.
Pero hoy no quiero condenarte,
quiero invitarte a reflexionar.
Hace algunos años, el Señor puso en mi corazón hacer una actividad benéfica para niños no cristianos en mi comunidad.
Durante 6 años, cada 24 de diciembre, frente a mi casa, obedecí.
Curiosamente, era un sector ya “evangelizado”.
Muchas iglesias cercanas habían hecho un gran trabajo.
Aun así, sentí paz.
Y entendí algo claro de parte de Dios:
“Sienta a la mesa a los que no me conocen. Dales el mejor plato.”
Hubo quienes, siendo cristianos, cuestionaron lo que hacía.
Pero puedo decir algo con certeza:
Dios siempre apareció respaldando.
Porque esto no era una cena para evangélicos.
Y hoy me hago una pregunta:
¿Hasta cuándo vamos a seguir evangelizando a los evangélicos?
Es un tema profundo…
pero hay una realidad:
Las masas no las sostienen los recién convertidos,
sino los fieles.
Y mientras tanto, hay muchos allá afuera
que aún no conocen…
y no estamos llegando a ellos
porque no queremos salir de donde estamos.
Tal vez soy una evangélica radical,
con celo por las cosas del cielo.
Para algunos, me falta amor.
Para otros, doy demasiado.
Pero con el tiempo entendí algo importante:
Los límites también son necesarios.
Hay cosas que debemos soltar:
personas, lugares, etapas, incluso formas de servir.
Porque Dios siempre nos está llamando a ir por más.
📖 “Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.”
— 1 Juan 3:18
Reflexión
¿Y si estamos tan enfocados en lo conocido que hemos dejado de ver a los que aún no conocen?
¿Y si nuestra comodidad espiritual nos está alejando del verdadero propósito?
Tal vez no se trata de hacer más…
sino de obedecer mejor.
Porque hay personas esperando una mesa,
no un discurso.
Y quizás, Dios ya te mostró a quién debes sentar en ella.
Hay lugares que no necesitan ser evangelizados con palabras, sino con hechos.
Por Albany Tudares L


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